Hay historias divertidas, hay historias conmovedoras, hay historias de acción, hay historias duras y luego está Ciudad de ladrones que son todas esas historias en una sola. Una novela divertida por las ocurrencias de uno de sus personajes protagonistas Kolya, conmovedora por el punto de vista de otro de sus protagonistas Lev que en primera persona cuenta una de las semanas mas duras de su vida, llena de acción y de nuevas emociones. Una HISTORIA con mayúsculas porque si ya la lectura en sí es sobrecogedora en momentos el saber que Lev, el protagonista, es el abuelo del autor y que los hechos son en su mayor parte reales, la hace imprescindible para cualquier lector que quiera disfrutar de un gran libro.
Lev es un joven de 15 años que vive en un Leningrado sitiado por los alemanes, en el invierno más frío de la historia. Por las casualidades del destino se ve envuelto en una extraña misión: encontrar una docena de huevos para el pastel del boda de la hija de un poderoso coronel del ejercito y para ello cuenta con la ayuda de Kolya un desertor del ejercito rojo con un don para la palabra y la afinidad con las personas, que harán mas llevadera la misión.
De la mano de estos dos jóvenes nos adentramos de lleno en una época de la historia un tanto desconocida y poco usada en literatura, pero que nos enseña las miserias de la raza humana y hasta donde somos capaces de llegar en momentos de desesperación. La ciudad de Leningrado en aquellos años pasaba hambre y desesperación, las cartillas de racionamiento eran escasas y los alemanes estaban cada vez más cerca. Las atrocidades que se cometieron en nombre de un ejército o unos ideales nos parecen desconocidas y lejanas hasta que nos sumergimos en páginas como las de esta ciudad de ladrones y descubrimos que el ser humano puede ser en sí mismo una gran persona llena de grandes sentimientos o el más cruel de los asesinos.
Sin duda alguna recomiendo esta novela, porque deja un hueco en el alma que a la vez es capaz de rellenar por si misma.