Alguien me dijo hace un tiempo, que es al amor y no a la muerte al que hay que mirar a la cara. Plantarte delante y decirle: puede que me hagas daño, que sufra y que llore, que tenga momentos de indecisión y de dudas tan profundas que no sepa hacia dónde mirar para resolverlas. Puede que sienta que me haces un agujero en el pecho y que me duela. Es posible que todo eso pase, porque el amor no es el amigable niño alado que lanza flechas. Pero si logras decirle todo esto mirándole a los ojos, te sonreirá y aceptará el reto de hacerte la persona más feliz del mundo. Te pondrá un muro para que te apoyes en los momentos duros, te dará alegrías y risas cómplices, será tu amigo y el colchón sobre el que duermes por las noches. Te dará una fuerza que te hará pensar que puedes abarcar el mundo con una mano. Será tu luz.
sábado, 26 de noviembre de 2011
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